
Las nuevas normas europeas sobre intercambio de energía, aplicables desde el 17 de julio de 2026, refuerzan la capacidad de la ciudadanía para producir, consumir y compartir electricidad renovable. Este avance abre nuevas oportunidades para el desarrollo de comunidades energéticas en el territorio EUROACE.
La transición energética europea da un nuevo paso hacia un modelo más participativo, descentralizado y próximo a la ciudadanía. Desde el 17 de julio de 2026 son aplicables las nuevas reglas de la Unión Europea sobre intercambio de energía, incluidas en la reforma del diseño del mercado eléctrico.
Estas medidas facilitan que los consumidores puedan acceder a electricidad renovable generada o almacenada fuera de su vivienda o establecimiento y compartirla con familiares, vecinos, empresas o comunidades. De esta manera, la producción energética deja de ser una actividad reservada a las grandes compañías y se convierte en una oportunidad para que la ciudadanía participe activamente en el sistema eléctrico.
¿Qué significa compartir energía?
El intercambio de energía permite que la electricidad producida mediante una instalación renovable, como pueden ser unos paneles solares, se distribuya entre diferentes consumidores.
Por ejemplo, la energía generada en la cubierta de un edificio público, una empresa o una instalación comunitaria puede compartirse con viviendas, comercios y otros participantes del entorno. La electricidad aprovechada por cada usuario se tendrá en cuenta en su factura, reduciendo el importe correspondiente a la energía consumida de la red.
Las nuevas reglas también contemplan que los participantes puedan establecer un precio para la electricidad renovable compartida, permitiendo recuperar parte de la inversión realizada y favoreciendo la viabilidad económica de los proyectos.
Este sistema ofrece nuevas posibilidades para quienes no pueden instalar paneles solares en su propia vivienda, ya sea porque viven en un edificio, se encuentran en régimen de alquiler o no disponen de una cubierta adecuada.
Las comunidades energéticas, una herramienta para aprovechar este nuevo escenario
Las comunidades energéticas permiten que ciudadanos, pequeñas empresas, entidades locales y otras organizaciones se agrupen para producir, consumir, almacenar, gestionar y compartir energía renovable.
Aunque el intercambio energético también puede realizarse mediante acuerdos entre particulares, las comunidades energéticas ofrecen una estructura organizada para gestionar las instalaciones y distribuir sus beneficios de forma colectiva.
Entre sus principales ventajas se encuentran:
- La reducción de la factura eléctrica.
- Un mayor aprovechamiento de los recursos renovables locales.
- La disminución de la dependencia de los combustibles fósiles.
- La posibilidad de incluir a familias vulnerables o con dificultades para acceder al autoconsumo.
- La participación directa de la ciudadanía en la transición energética.
- La generación de actividad económica y empleo verde en el territorio.
Según la Comisión Europea, los hogares que participan en comunidades energéticas pueden alcanzar ahorros estimados de entre 500 y 1.100 euros al año. El ahorro real dependerá de factores como la instalación, la producción disponible, el consumo de cada participante y el modelo de gestión elegido.
Una oportunidad para municipios y zonas rurales
El nuevo marco resulta especialmente relevante para los municipios y territorios rurales. Los ayuntamientos pueden desempeñar un papel fundamental facilitando cubiertas o espacios públicos, impulsando la participación ciudadana y ayudando a conectar a vecinos, empresas y entidades interesadas.
Una instalación situada en un colegio, un centro social, un pabellón municipal o cualquier otro edificio público puede convertirse en el punto de partida de un proyecto energético compartido. De este modo, recursos que antes se utilizaban de forma individual pueden generar beneficios económicos, sociales y ambientales para el conjunto de la comunidad.
Además, la producción local de energía contribuye a reforzar la autonomía de los territorios, reducir su exposición a la volatilidad de los precios y mantener una mayor parte de la inversión y del valor generado dentro del entorno local.
TRANSCOM_EUROACE, impulsando la cooperación energética transfronteriza
Este nuevo escenario europeo refuerza la importancia de proyectos como TRANSCOM_EUROACE, orientados a promover las comunidades energéticas y la colaboración entre administraciones, entidades y ciudadanía en el espacio transfronterizo de Extremadura y las regiones portuguesas de Alentejo y Centro.
La evolución normativa debe ir acompañada de información, asesoramiento y apoyo técnico que permitan transformar las oportunidades legales en iniciativas viables. Crear una comunidad energética requiere analizar el consumo, identificar posibles instalaciones, elegir el modelo de participación y establecer una forma de gestión transparente.
En este contexto, la cooperación entre España y Portugal resulta esencial para compartir experiencias, identificar buenas prácticas y desarrollar soluciones adaptadas a las necesidades de cada municipio.
Las nuevas reglas europeas convierten el intercambio de energía en una posibilidad cada vez más accesible. El reto ahora consiste en acercar esta oportunidad a la ciudadanía y conseguir que la transición energética produzca beneficios reales en los hogares, las empresas y los municipios de la EUROACE.












