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13 / 08 / 2026
Por transcom-euroace

Más calor, más consumo eléctrico: el papel de las comunidades energéticas ante los veranos extremos

El consumo energético destinado a la refrigeración de los hogares europeos se duplicó entre 2018 y 2024. Ante unos veranos cada vez más exigentes, las comunidades energéticas se presentan como una herramienta para aprovechar la energía solar local, reducir costes y avanzar hacia un modelo energético más eficiente y participativo.

Las altas temperaturas están modificando la forma en la que los hogares consumen energía. El uso de sistemas de climatización y aire acondicionado resulta cada vez más necesario para mantener unas condiciones adecuadas de confort y proteger especialmente a las personas mayores, menores y otros colectivos vulnerables.

Esta realidad también provoca un incremento de la demanda eléctrica durante los meses de verano, especialmente en las horas centrales del día. Según Eurostat, el consumo energético destinado a refrigerar los hogares de la Unión Europea alcanzó los 80.400 terajulios en 2024, prácticamente el doble de los 40.500 registrados en 2018.

España ocupa el segundo lugar de la Unión Europea en consumo total de energía para la refrigeración de viviendas, con 14.300 terajulios, solamente por detrás de Italia. Estos datos ponen de manifiesto la necesidad de buscar soluciones que permitan responder al aumento de la demanda sin incrementar la dependencia de los combustibles fósiles ni agravar la factura energética de los hogares.

El reto energético de los veranos extremos

Las elevadas temperaturas generan un doble desafío. Por una parte, aumenta la necesidad de utilizar sistemas de refrigeración durante más horas y a lo largo de periodos más prolongados. Por otra, se producen picos de demanda que pueden incrementar la presión sobre la red eléctrica.

Este problema adquiere una especial relevancia en los territorios de la EUROACE, formados por Extremadura y las regiones portuguesas de Alentejo y Centro. Se trata de zonas que cuentan con una elevada exposición solar, pero que también afrontan temperaturas muy altas durante el verano y una importante dispersión geográfica en numerosos municipios rurales.

El acceso a la refrigeración no debe considerarse únicamente una cuestión de comodidad. Durante los episodios de calor extremo, disponer de una vivienda adecuadamente climatizada puede ser fundamental para la salud. Sin embargo, el aumento del consumo eléctrico puede convertirse en una carga económica para muchas familias, especialmente en hogares vulnerables o viviendas con un aislamiento deficiente.

La respuesta, por tanto, no consiste solamente en producir más electricidad. También es necesario generar energía de manera más próxima al lugar de consumo, mejorar la eficiencia de los edificios y gestionar la demanda de una forma más inteligente.

Energía solar para responder a la demanda de refrigeración

Una de las principales oportunidades del verano es que una parte importante de la demanda de refrigeración coincide con las horas de mayor producción solar.

Las instalaciones fotovoltaicas pueden generar electricidad durante las horas centrales del día, precisamente cuando las temperaturas suelen ser más elevadas y aumenta el uso de los sistemas de climatización. Esta coincidencia permite consumir directamente una parte de la energía producida y reducir la cantidad de electricidad que debe adquirirse de la red.

Sin embargo, no todos los hogares pueden instalar paneles solares. Muchas personas viven en edificios comunitarios, viviendas alquiladas o inmuebles que no disponen de una cubierta adecuada. Además, en algunos pequeños municipios resulta más eficiente desarrollar una instalación colectiva que impulsar numerosos proyectos individuales.

En este contexto, las comunidades energéticas permiten aprovechar de forma compartida instalaciones renovables situadas en cubiertas municipales, colegios, centros sociales, pabellones, empresas u otros espacios disponibles.

¿Cómo puede ayudar una comunidad energética?

Una comunidad energética reúne a ciudadanos, administraciones, pequeñas empresas y otras entidades para producir, consumir, gestionar y compartir energía renovable de manera colectiva.

Ante el aumento de la demanda eléctrica durante el verano, este modelo puede aportar diferentes soluciones:

  • Generar energía solar cerca de los puntos de consumo.
  • Compartir la electricidad renovable entre viviendas, comercios y edificios públicos.
  • Reducir la energía adquirida de la red y, con ello, una parte de la factura eléctrica.
  • Incorporar sistemas de almacenamiento para aprovechar la producción solar en otros momentos del día.
  • Coordinar los consumos para evitar concentrarlos en las horas de mayor demanda.
  • Facilitar el acceso al autoconsumo a quienes no pueden instalar paneles en su propia vivienda.
  • Destinar parte de los beneficios a hogares vulnerables o iniciativas contra la pobreza energética.
  • Impulsar actuaciones colectivas de rehabilitación y mejora de la eficiencia energética.

La Comisión Europea señala que las comunidades energéticas pueden contribuir a reducir las facturas, combatir la pobreza energética, mejorar la eficiencia y generar oportunidades de empleo verde local. Además, permiten que la ciudadanía participe de forma directa en la transición energética y se beneficie de las inversiones realizadas en su territorio.

Producir energía es importante, pero también gestionarla mejor

La generación renovable compartida debe combinarse con medidas de eficiencia energética. Una vivienda mal aislada necesitará más electricidad para mantener una temperatura adecuada, independientemente del origen de esa energía.

Por este motivo, las comunidades energéticas también pueden convertirse en espacios desde los que promover otras actuaciones: mejora del aislamiento, sustitución de equipos antiguos, instalación de sistemas de climatización más eficientes, compras colectivas o asesoramiento sobre hábitos de consumo.

También pueden incorporar herramientas de gestión inteligente que permitan adaptar determinados consumos a los momentos de mayor producción renovable. Por ejemplo, programar la refrigeración con antelación, aprovechar las horas solares para climatizar edificios públicos o cargar sistemas de almacenamiento cuando existe un excedente de producción.

El objetivo no es dejar de utilizar el aire acondicionado cuando resulta necesario, sino hacerlo de una forma más eficiente, económica y sostenible.

Una oportunidad para los municipios de la EUROACE

Los ayuntamientos y entidades locales pueden desempeñar un papel esencial en el desarrollo de estas iniciativas. Su participación puede facilitar la identificación de cubiertas y espacios disponibles, la coordinación entre los diferentes agentes y la incorporación de personas que tendrían dificultades para acceder al autoconsumo por sí solas.

En los municipios rurales, una comunidad energética puede ir más allá de la reducción de la factura. También puede ayudar a mantener la inversión en el territorio, generar actividad económica, impulsar servicios locales y fortalecer la colaboración entre ciudadanía, empresas y administraciones.

Además, la cooperación transfronteriza permite compartir experiencias entre España y Portugal, analizar soluciones aplicadas en territorios con características similares y desarrollar modelos adaptados a las necesidades de cada municipio.

TRANSCOM_EUROACE ante los nuevos desafíos energéticos

El aumento del consumo destinado a refrigeración confirma la necesidad de avanzar hacia sistemas energéticos más descentralizados, eficientes y participativos.

En este contexto, TRANSCOM_EUROACE trabaja para impulsar las comunidades energéticas en el espacio transfronterizo de Extremadura, Alentejo y Centro, favoreciendo la colaboración entre administraciones, entidades, empresas y ciudadanía.

Los veranos extremos plantean un desafío creciente, pero el territorio dispone también de un importante recurso: la energía solar. Aprovecharla de manera colectiva puede contribuir a reducir costes, ampliar el acceso a la energía renovable y preparar mejor a los municipios frente al aumento de la demanda eléctrica.

Las comunidades energéticas no eliminan por sí solas los efectos del calor ni sustituyen las necesarias mejoras en los edificios, pero ofrecen una estructura desde la que producir energía local, compartirla y utilizarla de forma más inteligente. Ante unos veranos cada vez más exigentes, organizarse colectivamente puede marcar la diferencia.

Socios
DG de Desarrollo Rural